A nadie debe extrañarle que el segundo disco del músico, DJ y activista Santero se llame “El hijo de Obatalá”. Pero quien crea que esta producción del músico guatemalteco asentado en San Francisco es sólo para iniciados, está equivocado.
Lo que Santero aprendió en sus interminables viajes por Centroamérica con el grupo de salsa y cumbias de su padre y su peregrinaje urbano por los ghettos de Norteamérica está aquí mezclado en completa correlación que cruza no sólo fronteras musicales, sino que logra conectar el pasado y el presente. Lo hace asimilando el ADN de la fusión latina con reggae, jazz, punk, funk y hip-hop, todo ello con la visión espiritual de un músico que ha vivido el barrio tanto a lo largo de Latinoamérica como en EE.UU.
A través del comunicado oficial emitido por la agencia Rock, Paper, Scissors, especializada en World Music, pudimos conocer que esta nueva producción de Santero se estrenó el 19 de mayo. En esta placa editada a través de Siete Potencias Trading Co. y distribuida por City Hall Records, sus cómplices son nada menos que el productor Greg Landau, a quien conocemos no sólo por su trabajo como investigador, documentalista, productor con leyendas de la música de raíz latina, como Patato Valdés y Susana Baca, sino por haber metido su mano en producciones de la disquera de David Byrne (Luaka Bop), con Los Mocosos y también con Quetzal. El lado urbano está apoyado por One Drop Scott, quien igualmente brinda varios quintales de experiencia como hacedor y mezclador de ritmos.
El título del álbum alude al encuentro de Santero con la tradición Yoruba, primero en clases de danza con el Ballet Clásico Cubano, luego en La Habana, de donde salió como iniciado en la práctica de la santería. Por ello, las bases rítmicas del nuevo disco están hechas con los tradicionales batá, tambores sagrados, que acompañan los rituales de esta práctica religiosa sincrética con raíces en Nigeria.
Santero es DJ desde cuando vivía en un pequeño poblado en las selvas de Guatemala. El afirma que esa afición no es sólo su modo de vida, sino que fue lo que le permitió sobrevivir luego de huir de casa a los 13 años y en los muchos avatares que su vida de inmigrante le deparó desde el Bronx, en Nueva Orleans y en el propio Oakland, donde ahora reside, pues afirma que la música cura el alma y el cuerpo de los males de la vida. Actualmente, Santero es anfitrión del programa de radio “Voodoo”, que deja escuchar música latina en el área de la Bahía de San Francisco.
Santero no saldrá en su gira oficial por EE.UU. y Latinoamérica para promover “El hijo de Obatalá” hasta el mes de octubre, pero seguirá tocando localmente en los próximos días y ofrecerá una presentación en la 10ª. Edición de LAMC en Nueva York, el miércoles 8 de julio.
