José Alfredo Jiménez: Tributo A XXX Años de Su Muerte O El Mundo Raro del Que Sigue Siendo El Rey

By Juan Carlos Hidalgo BacaOctober 6, 2009AB's Top Music News

altMéxico tiene en José Alfredo Jiménez un arquetipo de la masculinidad del siglo XX. Vivió la transición entre lo rural y lo urbano de un país que se aferraba a su pasado. El universo temático de sus canciones describe grandes amores, rompimientos trágicos, parrandas permanentes, una exaltación exacerbada de la amistad y hasta un nacionalismo a ultranza. Sus canciones ayudaron a justificar aquello de que en México “los hombres son muy hombres”, que cuando se pierde se debe arrebatar y que una serenata lo remedia casi todo. Con el tiempo, la imagen de este charro de ciudad se convirtió en ícono cultural, en símbolo de la estética vernácula, en insigne figura del folklore más extremo. A 30 años de su fallecimiento, su hijo del mismo nombre decide organizar un disco homenaje, quizá inspirado en esa polémica tendencia reciente a las producciones colectivas de tributo. El resultado, como casi siempre, es un disco tan heterodoxo que no permite juicios unánimes.

El Rastro de La Leyenda

El 23 de noviembre de 1973, se cerró uno de los más elocuentes capítulos de la música mexicana. Bohemia, inspiración, torrentes de alcohol y el desenfreno amoroso cobraron su peaje al bardo ranchero por excelencia, haciendo callar -literalmente- a los mariachis. Los versos inflamados de canciones como “El Rey”, “La media vuelta” y “Ella” fl otaban en el limbo mientras el alma de José Alfredo se perdía en el éter.

José Alfredo Jiménez Sandoval, nombre de pila del cantautor, nació en Dolores Hidalgo, Guanajuato, el 19 de enero de 1926. Radicó en aquella Ciudad hasta cumplir 10 años, ya  que debido a la muerte de su padre se trasladó a la Ciudad de México.

Desde la infancia se rodeo de música, siendo las figuras de Agustín Lara, María Greever y Guty Cárdenas, la inspiración de los primeros años. Ya en 1938, y con 14 años bajo el brazo, realizaba sus primeras presentaciones vestido de charro. Los escenarios de los festivales escolares fueron testigos de las que podrían considerarse sus primeras canciones, dedicadas a sus mascotas y demás animales cercanos.

Desafortunadamente, la vida en la capital estuvo marcada por el infortunio y las carencias económicas. Por lo que se vio en la necesidad de abandonar sus estudios. Trabajó como mesero en el restaurante “La Sierra”, y rodeando sus días de tres de sus más grandes pasiones: la composición, el canto y el fútbol. 

En 1948, José Alfredo llega ante los micrófonos de la XEX para posteriormente plantarse ante la voz de América latina desde México: la XEW. Para su debut en el medio de comunicación más importante de aquella época, se hizo acompañar del trío os Rebeldes, del que también formaba parte el dueño del restaurante donde trabajaba. Mariano Rivera Conde, director artístico de una influyente compañía grabadora, comentó un buen día al productor y arreglista Rubén Fuentes, durante una sesión con Miguel Aceves Mejía y Fernando Rosas, figuras del momento, que: “afuera había un loco que traía dos canciones con la pretensión de que alguien las grabara”. Se trataba nada menos que de “Ella” y “Yo”. Finalmente, consiguió su objetivo, aunque ni siquiera le dejaron entrar al estudio. El primero en grabar fue Andrés Huesca, integrante del conjunto Los Costeños. Un verso de aquella pieza decía:  “porque el destino cambió mi suerte/ ya tu cariño nada me importa/ mi corazón te olvidó pa’siempre/ fuiste en mi vida un sentimiento que destrozó todita mi alma”. A partir de entonces la historia cambió radicalmente.

Una Carrera Hacia El Infinto

Rubén Fuentes se hizo responsable de los arreglos musicales para sus composiciones, además de hacer gestiones para ligarlo a la CBS. Eran momentos de frenesí. José Alfredo escribía en cualquier lugar, sobre cualquier papel que tuviera a la mano. Se cuenta que temas como “Que te vaya bien”, “El Rey’ y “El último trago”, nacieron en los camerinos del Teatro Blanquita.

Entre 1958 y 1960 compuso la mayoría de sus canciones y realizó innumerables caravanas artísticas y presentaciones, siempre teniendo al Blanquita como el centro principal de sus operaciones, donde vivió temporadas de esplendor acompañado de figuras tales como Cornelio Reyna y Lucha Villa. Don Jesús Rodríguez de Híjar, el director del Mariachi Vargas de Tacalitlán e amigo íntimo del ídolo, solía repetir: “No sé si ‘El Rey’ la compuso o no para Alicia Juárez, pero la verdad es que por primera vez la estrenó en una serenata que le llevó a ella. Estaban enojados. recuerdo. Iban también los Panchos. El caso es que Alicia no se dignó ni siquiera a abrir la ventana, y con la ayuda del “Güero” Gil, también un inspirado compositor, se puso allí mismo a escribir, sentado a la orilla de la banqueta, una canción que tituló “Basura”. 

Oficialmente, José Alfredo se casó con la actriz Mary Medel, con quien tuvo dos hijos, aunque para nadie es un secreto que sostuvo romances con Lucha Villa e Irma Serrano. Forma parte de su leyenda el hecho de que “Amanecí en tus brazos” fue inspirada por Lucha.  En su momento de mayor éxito, también le compuso canciones a muchas otras de sus pretendidas. A Irma Dorantes, “Muy despacito”; Para Columba Domínguez, “Si nos dejan”; A Lola Beltrán, “Qué bonito amor”; Mientras que para Irma Serrano fue “No me amenaces”. A muchas de ellas, las conoció en el ambiente cinematográfico, para el que también cedió composiciones como “Tú y las nubes” y “Guitarras de medianoche”.

Un pasaje muy afortunado fue cuando escribió y cantó el corrido de Martín Corona, hecho ex-profeso para su amigo Pedro infante.  Su participación como actor inicialmente fue muy discreta, pero progresó paulatinamente, sobresaliendo su actuación en Caminos de Guanajuato. Cinta que tomó el nombre de la popular pieza que dedicó a su hermano, quien muriera en Salamanca.

José Alfredo representa el estereotipo mexicano de toda una época. Era borracho, parrandero y jugador, tal como rezaba el corrido de “Juan Charrasqueado”. Logró palpar muy bien la sensibilidad de las clases populares, supo registrar sus amores y desamores, sus triunfos y derrotas. Debido a ello fue objeto de múltiples homenajes póstumos, entre los que destaca una estatua en la Plaza Garibaldi. Existe también una película dedicada a recrear su vida, “Pero sigo siendo el Rey”, en donde fue personificado por el actor Leonardo Daniel.

Algunos Trguitos del Convivio

“Que te vaya bonito” / Aterciopelados

La combinación electroacústica del dueto Echeverri-Buitrago cayó de maravilla a la estética ranchera. Al fin y al cabo existen profundos vasos comunicantes entre la cultura colombiana y su contraparte mexicana. Agregaron un fino toque de modernidad, quebraron el ritmo y cobijaron el tema de atmósferas y texturas. Si llegaran a existir charros digitales, tomarían esta rola como himno.

“Ella” / Cartel de Santa

Se agradece que un cover sorprenda, que refresque radicalmente la idea original. Los raperos regiomontanos tenían como desventaja en contra uno de los temas más conocidos, obvios y esperados. Lograron evitar el cliché y dar nueva vida a uno de los más grandes clásicos del acervo nacional mexicano. Una producción impecable que lleva lo vernáculo a lo más hondo del hip hop barriobajero.

“Tu Recuerdo y Yo” / Panteón Rococó

Un notable repunte en la calidad musical del combo skasero más influyente del país. Mayor trabajo de ensayo, de ejecución y arreglos. Montaron una estructura más compleja y llena de matices afroantillanos. Los metales suenan muy pulidos y cargan de vibra a un tema cantinero por excelencia. Se dieron tiempo para meter estrofas rapeadas y colgarle unas trenzas rastas al sombrero mariachi.

“Serenata Sin Luna” /  Julieta Venegas

La Venegas busca reinventarse, evitar las repeticiones y lo consigue sobradamente al salirse de su estilo típico. Conscientemente elige un modo distinto de cantar, lleno de emoción y trapío. Quizá la clave está en la insólita producción de Pepe Aguilar, quien vuelve por sus fueros rockeros, más la impecable participación de Sacha Triujeque en la mezcla, el nuevo geniecillo de la consola.  Sólo la Venegas puede evocar a Pj Harvey, Astrid Hadad y la Prieta Linda en la misma canción, sin dejar por un instante de ser ella misma.

“El Jinete” / Enrique Bunbury

El momento cumbre del disco. Sencillamente un pasaje de maestría y dominio pleno de personalidad y talento musical. Todo Bunbury se desborda en la recreación de un tema trágico, que de los paisajes campiranos se sumerge en lóbregos sótanos y callejones. Enrique resalta las reales dimensiones de los temas de José Alfredo.  Un beso musi-cal, largo y lascivo entre el amor y la muerte. Nada más, nada menos.

“Por Mi Orgullo”/ El hombre Gancho

El clan sabinesco, Pancho Varona y Antonio García de Diego asesoran a sus pupilos para profundizar en uno de los temas menos conocidos del compositor guanajuatense. El resultado es un tema lentón cuyo aliento españolado lleva la pauta. Bien podría ser material para una futura cinta de Almodóvar pero a la hora de hacer cuentas le debe muchísimo al gran ausente Andrés Calamaro, quien tiene una versión de “El último trago”, infinitamente superior a este pop castizo.

“Amanecí en Tus Brazos” / Moenia

La incursión de Moenia no deja de ser una rareza más bien llena de buenas intenciones truncadas. El coqueteo electrónico no va mal, pero carece de emociones verdaderas. Todo el intento formal queda desprotegido cuando falta sustancia y emotividad. Jamás el kabaret berlinés se confundirá con una cantina de Garibaldi, mucho menos si la magia se intenta crear a partir de un techno suave y pasteurizado.

“Las Ciudades” / Joaquín Sabina

Más sabe el Sabina por borracho, taciturno y pendenciero que por artista. Hay momentos en que la vida se cruza y se confunde con el arte. Se trata de un juego para iniciados, habrá quien se compromete y va a fondo con el inquilino de Atocha y quien pasa de su rollo bohemio. Lo que si es un hecho es que no se puede pedir más sinceridad y sentimiento al momento de interpretar.

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