Hace ya más de cinco años que la banda de Santa Ana, California, Enjambre, decidió trasladarse a la Ciudad de México a probar suerte con su propuesta de rocanrol con tintes de nostalgia.
Desde entonces, las visitas al sur de California han sido escasas. Y no es que los hermanos Navejas y compañía se hayan olvidado de su gestación Californiana como banda; más bien, su abrumador éxito en la República Mexicana los ha mantenido bastante atareados, ya sea en giras o en la elaboración de su discografía.
El ansiado reencuentro entre Enjambre y Orange County se dio el viernes por la noche en un abarrotado Club Ember de la ciudad de Anaheim. De entrada, quedaba claro que su legión de seguidores había crecido de manera considerable desde su partida. Una extensa línea a la entrada del venue presagiaba una noche memorable.
El quinteto abrió con “Reflejo”, un tema de su cuarto álbum titulado “Enjambre y los Huéspedes del Orbe”. Le siguieron “Intruso” y “Visita”, este último de su tercer disco “Daltónico”, mismo que marcó un parteaguas en la carrera de la banda, ya que los proyectó a una audiencia mucho más amplia gracias a la generosa circulación que tuvo la rola en la radio y a través de las redes sociales. “Fe, línea directa” tuvo una dedicatoria especial para Nicolás Saavedra y Osamu Nishitani, miembros originales de la banda con los que grabaron su primer álbum de estudio “Consuelo en Domingo”, cuando todavía radicaban en Santa Ana, CA.
El setlist siguió su curso con algunas canciones interpretadas por primera vez de este lado de la frontera, sin querer decir con esto que fueran desconocidas por la audiencia del condado de la naranja. “Impacto”, canción que hicieron famosa con la complicidad de Lo Blondo de Hello Seahorse! fue una de las más esperadas de la noche, y la respuesta del público fue notable. Los asistentes le dejaban en claro a los de Fresnillo, Zacatecas, que estaban en casa y que nadie se iba a ir hasta que entonaran la última nota.
Para cerrar, Enjambre interpretó “Manía Cardiaca”, ya con un público muy entrado en ambiente. En el clímax de la canción, un emocionado Luis bañó a los que se encontraban enfrente del escenario al vaciar su botella de agua sobre ellos. Ninguno reclamó el atrevimiento.
La agrupación abandonó la tarima sólo para volver unos minutos después ante la negativa de la audiencia de dar el concierto por terminado. El quinteto cerró con “Elemento” lo que fue un concierto muy emotivo y de buena música, y constatando que a ellos no les viene el refrán que reza: “Candil de la calle, oscuridad de su casa”, ya que se entregaron tal y como lo han hecho en los multitudinarios conciertos en suelo azteca. A continuación, un recuento fotográfico de esa fantástica noche.
Fotos: Adrián Olmedo
