Los días y las noches en blanco de Medellín

By Pablo ScarpelliniJuly 8, 2010Otro Rollo

Congreso Iberoamericano de CulturaLa ciudad colombiana acogió el tercer Congreso Iberoamericano de Cultura, un estallido de folclor latinoamericano y español con Silvio Rodríguez, Jorge Drexler, Fito Páez, Rosario y Antonio Carmona como protagonistas. Un evento que puso en contraste la opuesta apreciación del futuro de la música entre las nuevas y viejas generaciones


Sí hay pobreza y violencia por estos andurriales, pero también el espíritu de sacudirse todo eso de encima con cultura en grandes cantidades, en un chorreo constante de conciertos, debates, simposios y talleres para perderse por las posturas de 23 países con sus músicas y sus idiosincrasias. El pasado jueves 1ro. de julio echó a andar el tercer Congreso Iberoamericano de Cultura en Medellín, la segunda ciudad en importancia de Colombia, la de Pablo Escobar y Carlos Gardel, que no nació acá pero sí se dejó la vida en sus rincones.

Y desde entonces hasta el domingo 4, no cesó la actividad ni los homenajes a lo manifestado en décadas de cultura latinoamericana y el ir y venir de versados en materia musical. También ondeó la bandera española, con unos cuantos segundos de gloria para Camarón de la Isla en la emotiva ceremonia de apertura, que celebró como un triunfo personal la aparición en pantallas gigantes de sus grandes talentos, Mercedes Sosa, Héctor Lavoe, Astor Piazzola y portentos semejantes para despertar la conciencia de lo grande que es América Latina en cuestiones musicales.

Y Colombia, como no podía ser de otra forma, no desaprovechó la ocasión para desplegar todo su folclore nacional, la cumbia, la música llanera, el vallenato y hasta el rap callejero que se fabrica en las comunas de las que todos los extranjeros quieren saber cuando visitan Medellín por primera vez, en un efecto de onda expansiva similar al de las favelas de Río de Janeiro.

Claro que al alcalde, el periodista Alonso Salazar, no le hace ninguna gracia que se toque el tema de la violencia, el gran estigma de una ciudad de 3,5 millones marcada por sus épocas de feroces carteles de la droga, aunque es del todo inevitable para explicar de qué va esta poderosa urbe de grandes contrastes, marcada, como casi todas sus hermanas en la región, por el abismo entre clases sociales.

Salazar dice que al narco se le combate con cultura, y quizá por eso surgió la idea de reclamar que el Congreso, que echó a andar primero en la ciudad de México y después en Sao Paulo, pasara por aquí, para darle acceso al pueblo a Fito Páez, Rosario Flores, Aterciopelados, Antonio Carmona, Jorge Drexler, Susana Baca o Silvio Rodríguez.

Los dos últimos, acompañados por el argentino León Gieco, fueron los encargados de darse el primer baño de masas del evento, en una ciudad que decidió pasar cuatro días y cuatro noches en blanco, lejos del trabajo y las obligaciones, para darse a la música y la cultura. Y allí acudieron todos los que pudieron entrar, más de 80.000 personas según la policía local, caras de 16, 17 y 18 años cantando las proclamas socialistas y redentoras del fabuloso trovador cubano.

Antes, el de San Antonio de los Baños abarrotó el pabellón del congreso para sentar cátedra sobre el peligroso estado de la música ante la amenaza comercial, secundado por el incisivo Rodolfo Mederos, un maestro del bandoneón, con un discurso para intelectuales de izquierda, nostálgico de la música orgánica que se hacía antes y aterrado por la “basura que nos quieren hacer consumir ahora”.

Dijo que el tango está en estado de coma, quizá porque “la raza humana atraviesa un periodo complicado donde triunfa el producto pseudoartístico que estupidiza, con el sello inequívoco del poder hegemónico”. Rodríguez, que no quiso ser menos, le dio la razón en todo al tanguero, comparando el momento musical con el desastre de BP. “Si no sabemos lo que va a pasar con la vida, imaginen predecir lo que será de la música”.

Nada que ver con las nuevas generaciones, optimistas con el talento que está por llegar, gente como Drexler o Andrea Echeverri de Aterciopelados, que aún confían en lo que pueda surgir de los nuevos fenómenos, de la fusión de conceptos de la que no se paró de hablar en Medellín en cuatro días inolvidables. Una Medellín de fiesta de día y de noche.