Con la velocidad de la vida actual, en donde un día uno está en una parte del mundo y al otro día en otra completamente diferente, es lógico que esta cinta de Steven Spielberg se lleve a cabo en un aeropuerto. “The Terminal” explora el increíble microcosmos que representan estos lugares en donde a la vez conviven las lágrimas de alegría de las bienvenidas y las de tristeza de las despedidas, la emoción de quienes van a un lugar por primera vez y aquellos que lo único que desean es regresar a su hogar… Pero, ¿qué hay de aquellos que no tienen a donde regresar?.
Esta es una de esas historias, pero llevadas al extremo. Tom Hanks interpreta a Viktor Navorski, un turista que al llegar a Estados Unidos se encuentra con la noticia de que su país ya no existe (debido a un golpe militar) y al no tener nacionalidad, no puede poner pie dentro del suelo estadounidense, con lo que su oportunidad de experimentar las bondades gringas termina en una pausa indefinida.
Mientras los días se alargan y su situación sigue sin ser resuelta, Viktor comienza a vivir su propia microversión del sueño americano, enfrentando con ánimo inquebrantable la burocracia migratoria y la antipatía de quienes le consideran un error burocrático (especialmente Stanley Tucci, quien como director del aeropuerto es el némesis perfecto de Hanks sin llegar a ser completamente odiable). Por si sus problemas migratorios no fueran suficientes, a Victor también le toca hacer de Cupido en beneficio de Enrique Cruz (Diego Luna, en un papel pequeño pero cortado a su medida) y trata de vivir su propio romance con la azafata Amelia (Catherine Zeta-Jones).
El hecho de que la cinta no haya sido grabada en un aeropuerto, sino en un gigantesco escenario artificial, le otorga un mérito extra a Spielberg y a su equipo de diseño.
