Después de haberse ganado como actriz el respeto de los escépticos, con cintas como “Election”, “Fear”, “Pleasantville”, “Freeway” y “Cruel Intentions”, Reese Witherspoon se encontraba en la ruta exacta para convertirse en la nueva Julia Roberts después de trabajar en una serie de comedias románticas que por su misma naturaleza no mostraban el talento de la Witherspoon para ser diabólica. Afortunadamente, le cayó de perlas la nueva “reversión” de la clásica novela de William Makepeace Thackeray, que ya había sido producida a manera de miniserie por la BBC y en donde afortunadamente se rodea del talento de Jim Broadbent, Eileen Atkins, James Purefoy y Jonathan Rhys Meyers (¿lo recuerdan de “Velvet Goldmine”?) con lo que logra rescatar el maquiavélico encanto que no se le veía desde “Election” o “Pleasantville”.
La historia es por demás conocida y relata el ascenso de Rebecca (Becky) Sharp en los altos círculos sociales del Londres de 1820, sin más armas que su ácido humor, su ambición y, por supuesto, sus favores sexuales. El verdadero acierto de la directora Mira Nair al elegir a Witherspoon es el poder provocar la simpatía en el público por una mujer que es traicionera, infiel y mala madre (entre otras cosas) y por quien a pesar de todo, no puede uno dejar de sentir afecto y al mismo tiempo impaciencia porque reciba su merecido, una cualidad que Witherspoon ha tenido desde las cintas antes mencionadas.
