El director argentino Alejandro Agresti nos presenta una interesante comedia romántica donde al igual que en la cinta francesa “Amelie” se muestra la obsesión de ciertas personas por arreglar al mundo. Valentín juega con el concepto del “Cupido” de una manera entrañable, pese a estar ambientada durante el violento año que vivió Argentina en 1969. Alrededor de ésta nada amable atmósfera, el pequeño Valentín, de 8 años, sueña con convertirse en astronauta.
Viviendo una vida en la que tiene que privarse de una familia “normal”, ya que sus padres se encuentran divorciados, Valentín (Rodrigo Noya) cae en cuenta de que su futuro no es el ideal cuando su abuela (Carmen Maura) cae enferma y de repente necesita una familia “verdadera” (no ayuda mucho el hecho de que su padre lo use para atraer nuevas conquistas), de manera que para conseguirse a esa familia, comienza a tratar de resolver los problemas de la gente a su alrededor con resultados bastante inesperados para todo mundo.
Similar a “Amelie” en otros aspectos de la historia, además del uso del color, el director y guionista Alejandro Agresti (que además hace el papel del padre de Valentín) maneja con maestría una historia muy sencilla que logra trascender gracias a la calidez de su mensaje.
