Parece que finalmente Kevin Costner ha logrado ubicarse en el lugar que le corresponde tras varios infructuosos intentos de recuperar el estatus que un día tuviera antes de enfrascarse en la inútil lucha del proyecto que lo arruinó por mucho tiempo: Waterworld. En esta ocasión, Costner ha decidido compartir el rol estelar con Joan Allen para interpretar a un par de personajes disfuncionales que terminan cada uno convirtiéndose en las alvación del otro.
Tras haber sido abandonada por su ex esposo, la madre de 4 guapas jovencitas que interpreta Allen, se sume en una depresión bastante grave que pone de cabeza al de por si ya disfuncional hogar. Sin embargo, cuando el amigo de borracheras de su fugitivo esposo comienza a frecuentar su hogar, éste vuelve a tener un timón en la persona tal vez más inepta para hacer vida familiar. Píldora difícil de tragar para los que prefieren a Costner haciéndola de vaquero, pero que no es en verdad tan dolorosa en parte gracias a la química cómica entre Costner y Allen.
