La nueva cinta del director Gavin O’Connor, de la cual también es coautor del guión junto con Joe Carnahan, es una de las mejores cintas del año que desde ya huele a Oscar, al igual que cintas como L.A. Confidential y otras que involucran diversos niveles de corrupción en los sectores que se suponen deben impartir la justicia.
En la película nos encontramos con un drama de familia en donde tomar la decisión correcta parece ser lo más difícil. La cinta nos presenta además un interesante conflicto cuando un inexplicable asesinato de varios policías se convierte en el inicio de un problema mucho más complicado que implica a un grupo de policías dentro del departamento de policía de Nueva York, quienes han comenzado a alquilar sus armas y su inmunidad al servicio de los traficantes locales de drogas; el asunto se complica aún más debido a la tremenda historia que hay detrás de la familia y el legado que ésta representa para un departamento en donde la lealtad más importante parece ser aquella que se debe a los que trabajan ahí y no hacia la justicia.
Las actuaciones son buenas en su totalidad a lo largo de la cinta y aunque John Ortiz roba cámara en la breve parte que le corresponde de la cinta es sin duda la actuación de Colin Farrell la que dará más de qué hablar en su papel de Jimmy Egan, cuñado y yerno de la familia Tierney y quien se muestra implacable y dispuesto a todo después de haber cruzado la línea hacia la impunidad. Claro que son las actuaciones de Edward Norton, Noah Emmerich y Jon Voight las que le dan a la cinta el peso del conflicto entre hacer lo correcto para ayudar a la familia, hacer lo correcto para ayudar a la institución, o simplemente hacer lo correcto.
La cinta no es corta pero los 125 minutos que dura la misma se van como el agua, lo cual siempre es un buen síntoma de una película que al mismo tiempo mantiene ocupadas tanto nuestras cabezas como nuestros corazones.
estrena: 24 de octubre
