Robert Moog es, sin duda, uno de los hombres que más ha influido en la música moderna. Eso gracias a haber inventado en los años 60 el sintetizador moderno y abrir las puertas para los nuevos sonidos de la música electrónica con aparatos que aunque ahora parecen reliquias, revolucionaron los conceptos de experimentación e interactividad entre la comunidad musical. El documental del cineasta Hans Fjellestad, nos muestra como a lo largo de los años Moog ha sido colaborador de muchos músicos que han buscado en sus instrumentos la forma de crear “fuera de la caja”.
Estas búsquedas han ayudado a crear sonidos tan distintivos que haciendo un recuento tendrían que ser tan venerados como el de una guitarra Gibson o una Fender. Basta con acercar un poco los ojos para ver que desde el virtuosismo del rock progresivo y experimental de Emerson, Lake & Palmer y Yes, hasta la soltura del funk con músicos como Parliament Funkadelic y la onda disco (¿recuerdan el tema “I Fell Love” de Donna Summer?), todos ellos han contado con alguna versión de Moog para lograr ese sonido gordo y análogo, que con la generación de nuevos sintetizadores digitales ha sido sampleado hasta el cansancio.
El documental nos muestra la relación casi espiritual del inventor y los circuitos que componen sus aparatos, ademas del culto que ha ganado a lo largo de los años, ya que algunas escenas de la cinta se enfocan en la celebración del “Moog Fest”, festival musical que se lleva a cabo cada año y que tiene como razón de ser el convivio entre los músicos que practican la religión Moog. Realizado de manera sobria, pero amena e informativa, lo único que le faltó al film es el testimonio de cuatro músicos que también tuvieron un Moog como parte de su arsenal de instrumentos: Los Beatles.
