Para aquellos que adoraron la cinta “Voces Inocentes”, la cinta del director Andrés Wood podrá ser añadida fácilmente a su lista de favoritas, ya que aunque comparte ingredientes similares, como lo son los horrores de la guerra contrastados con la inocencia infantil, el despertar a las realidades de la división de clase social hace de ésta una cinta obligatoria. La historia sucede en el Chile del 73, unos días antes del derrocamiento del presidente Salvador Allende, cuando en un colegio católico privado el cura encargado ha decidido dar la oportunidad de educarse a algunos alumnos de las comunidades más pobres, lo cual no es bien visto al principio por los mismos alumnos y ya después por sus padres, quienes a pesar de decirse educados y tolerantes, no aceptan la idea de que estos niños compartan las aulas.
En medio de estas circunstancias, el pequeño Gonzalo inicia una amistad con el desafortunado Pedro Machuca, quién se gana la vida vendiendo banderitas en las manifestaciones, ya sean rojas para los comunistas o nacionalistas chilenas para los de derecha. Es en medio de este revuelo que Gonzalo conoce los recovecos de la vida de Machuca y, a su vez, Machuca se convierte en parte de la vida de Gonzalo, mientras ambos descubren juntos lo que es una borrachera, la euforia de una protesta masiva y el primer beso de una mujer (endulzado con leche condensada). Lo que sigue después es una serie de jugarretas de un destino cruel y traiciones que no sólo son vividas por los personajes, sino que fueron vividas por un país entero tras la caída del gobierno de Allende y la imposición del militarismo.
