Muchas burlas se han creado al rededor dela manera como Alfonso Cuarón, el director de “Y Tu Mamá También” podría enfrentar la producción de la tercera cinta del ahora adolescente hechicero de las novelas de J.K. Rowling, pero contrario a las mofas que predicaban que Harry Potter y Ronald Weasley terminarían dándose un beso al final de la película, lo único que tienen en común las últimas cintas de Cuarón, es el confuso paso por la adolescencia y la búsqueda de la individualidad de los personajes que a pesar de estar viviendo una aventura del mismo y fantástico calibre que las anteriores, han comenzado a preocuparse por cosas… de adolescentes.
En la cinta vemos a un Harry que tiene que crecer más rápido, no tanto por su condición de hechicero superdotado sino por las presiones de su propia identidad y el peso de un pasado que está a punto de confrontar, cuando un renegado hechicero cómplice de la muerte de sus padres, de nombre Sirius Black (Gary Oldman) escapa de la cárcel de Azkaban para buscarlo… aunque sus razones no son muy claras. Mientras todo esto pasa, también somos testigos del “hasta aquí” que decide ponerle Hermione Granger a Draco Malfoy, quien además de ser castigado con esas perversas mutaciones de la adolescencia (Tom Felton es al que peor le ha asentado la pubertad) termina puesto en su lugar por la compañera de Potter.
