Aunque Bulgarian Lovers es una cinta que no es de fácil digestión para el grueso de la audiencia, es un buen ejemplo de cómo el deseo se puede convertir en un arma de manipulación más grande de lo que imaginamos. La historia se desarrolla en la escena gay de Madrid (la misma que ha sido documentada hasta el cansancio por Almodóvar), es aquí donde conocemos a Daniel (Fernando Guillén Cuervo), un hombre de mediana edad, quien vive una vida de lo más cómoda y quien gusta de tener aventuras con jóvenes extranjeros, pero que está a punto de conseguir más de lo que se imagina al conocer a Kyril (Dritan Beba), un joven búlgaro con quien después de una pasionado encuentro, comienza a sumergirse en una serie de actividades ilícitas.
A pesar de que Daniel se da cuenta de que el mundo en el que se ha metido es más obscuro y peligroso de lo que pensaba, el director Eloy De La Iglesia se encuentra decidido a mostrarnos desde dentro la confusión y el terror en donde lo ha acorralado su propio deseo.
