La cosa va de depresiones últimamente. Ya se sabe que a Hollywood no se le escapa una, sediento de ideas como siempre, y ha puesto el dedo en la llaga en un momento en que la historia ha vuelto a reeditar la primera gran crisis económica que sufrió Estados Unidos en 1929. Se trata de “Public Enemies”, la historia del ladrón de bancos más célebre de la historia de Estados Unidos, John Dillinger.
Jonny Depp es el gansgter, el hombre de los nervios de acero, el Robin Hood de la era de la Gran Depresión en Estados Unidos, cuando reinó el pánico bancario y el desempleo afectó a uno de cada cuatro trabajadores.
Su leyenda fue corta. Duró 13 meses, los que el intrépido ladrón empleó para asaltar bancos a diestro y siniestro, golpeando con fuerza a los mismos que acabaron con las esperanzas de miles de personas tras el crash de los mercados.
La cinta dirigida por Michael Mann, realizador de “El Último Mohicano”, es un recorrido por la vida de Dillinger, especialmente en la época de pleno esplendor en sus atracos, cuando todos caían rendidos a sus pies, desde su novia Billie Frechette —interpretada por la oscarizada Marion Cotillard— hasta un público americano, ansioso de una figura heróica que los sacase de los sinsabores de cada día.
Su violenta irrupción en las sedes de los bancos más importantes del país provocó que Edgar Hoover, el primer director del FBI, creara una oficina especial para acabar con un criminal que amenazó con acortar su brillante carrera. Al frente de ella, Hoover puso al agente especial Melvin Durvis (interpretado por Christian Bale), que le siguió los pasos hasta dar con él a la salida de un cine de Chicago en 1935.
La cinta es la crónica de una muerte anunciada. Sin ser un personaje ultraconocido para el gran público, su deselance resulta obvio. No hay escapatoria para un hombre que Mann no duda en engrandecer, impasible ante la presión que pesa sobre sus hombros, social y extrovertido con la prensa y las altas sociedades de Chicago y Florida, expresivo con su novia y efectivo en cada golpe que da en las instituciones financieras.
Pese a todo, la tragedia acecha a cada minuto que transcurre de cinta, con un Christian Bale que vuelve a un papel que le encaja a la perfección, el del rudo policía sin demasiado carácter, empeñado en acabar con Dillinger aunque no acabase siendo el que le disparó a la salida del cine.
Depp, por su parte, sigue manteniendo la lozanía suficiente para encajar en la figura joven y desenfada de Dillinger. Todo pese a los 46 años que ya tiene el actor de Kentucky.

El protagonista de la saga de “Piratas del Caribe” mostró un gran interés por el personaje de Dillinger desde que se metió en el proyecto. “Me leí muchos libros sobre él, pero aparte de toda la investigación, mucho de mi entendimiento del papel tuvo que ver con un instinto de entender al hombre”, señaló Depp, quien aseguró con ironía que “ya lleva años ejerciendo de Robin Hood”, al referirse al hecho de que antes de ser actor hizo todo tipo de trabajos modestos. “Después empecé a sacarle dinero a los ricos”, bromeó.
Sobre la recesión aseguró que es “afortunado” de que sus hijos no tengan que padecer nada de eso, y aseguró que no está seguro de si la gente aún necesita a un hombre como Dillinger en estos tiempos para consolarse ante la crisis.
También el periodo de los años 30 en Estados Unidos le van a un hombre que se confiesa poco fanático de las nuevas tecnologías como el 3D en las salas de cine, que prefiere las cosas un poco más costumbristas —quizá por eso vive en un pueblo de Francia.
Con una figura carismática como él capitaneando un esfuerzo convincente y bien resuelto, Hollywood vuelve a recordar a un personaje como Dillinger, a mirar atrás hacia tiempos tan malos como los que se viven ahora, según las comparaciones de los políticos encargados de sacarnos de esta. Después de ver la película, no cabe duda de que exageran, como siempre.
