Ry Cooder abre su música a la historia, la política y el enfado. Fábula infantil, lección de historia o manifiesto político, cualquiera de los términos describen el nuevo álbum de Ry Cooder, "My Name is Buddy", una obra que habla de solidaridad, obreros y un gato rojo.
EE.UU. DESAPARECE"My name is Buddy" ('Mi nombre es Buddy') suena a confesión. Entre otras cosas por la proximidad de la cubierta de este nuevo álbum de Ry Cooder y porque 'buddy' es 'amigo'. De este modo, el trabajo de este californiano - erudito de la música al que la revista "Rolling Stone" define como el octavo mejor guitarrista del mundo- es como un cuento infantil ilustrado.
Ni tan siquiera está muy claro lo que es, un nuevo CD de este guitarrista y musicólogo californiano que el 15 de marzo cumple 60 años o un cuento infantil ilustrado por su amigo Vincent Valdez al que pone su voz, sus ideas y su música. Tanto la música como las ilustraciones son igual de importantes para un autor como los que ya no quedan, al que le da urticaria la mención del i-Pod y que se niega a vender su música en internet. De ahí que para Cooder, conocido entre los legos en la música por la banda sonora de "París Texas", "My Name is Buddy" es una reflexión sobre "la desaparición de Estados Unidos". "Uno hace un disco como éste para decir las cosas que quiere decir", asegura a Efe desde su estudio en el aeropuerto de Santa Mónica (California). Sólo se necesita un vistazo a este hangar para saber lo que Cooder quiere contar, un lugar lleno de instrumentos musicales tradicionales, sin ningún exceso ni huella de consumismo y donde en un cuadro se lee en castellano la palabra "libertad". "My Name is Buddy", en venta desde el 13 de marzo, es la crónica de un gato rojo -"que nace rojo y se hace rojo", aclara- en su recorrido por los Estados Unidos de la Gran Depresión económica. También es una mirada en tono de fábula a ese periodo en la historia en la que se hablaba de "trabajadores, de sindicatos, de manifestaciones, de las actividades que nos aunaban", explica. "Todo eso ha desaparecido. Del todo", musita preocupado por el estado de las cosas en su país, donde en lugar de "ciudadanos" hay "consumidores" y en el Gobierno hay "un payaso a la cabeza". Sus referencias al Gobierno de EEUU son tan sonoras como las notas de su guitarra, un Ejecutivo que en su opinión se las ha arreglado para "robar dos elecciones en nuestras narices" y que ha llevado al país a "grandes problemas". REVISANDO LA HISTORIAComo reflexiona este erudito de la música al que la revista "Rolling Stone" define como el octavo mejor guitarrista, la crisis actual tiene claros referentes en la historia y lo único que hay que hacer es saber mirar atrás. "Pero nuestra historia no se enseña y cuando uno no está informado, no entiendes tu propia historia, no entiendes el mundo real, la gente se aprovecha de ti", subraya Cooder. De ahí su deseo de educar, convencer, transmitir y comunicar una lección de historia y solidaridad mediante un álbum que nació tras ver el obituario de un gato rojo llamado Buddy y que se ha hecho realidad gracias al apoyo de sus amigos, leyendas como el octogenario Pete Seeger y su hermano Mike, el acordeonista Flaco Jiménez o el líder de los Chieftains, Paddy Moloney. Porque aunque escritas desde la rabia, lo temas de Cooder nacen en la esperanza de que una canción puede cambiar el mundo. "Pete Seeger me dijo que la música es todavía uno de los mejores puentes que tenemos", recuerda Cooder de ese grupo de leyendas musicales de pelo blanco aunadas para este álbum. El "todavía" es una palabra clave en la frase de Cooder, alguien que habla con la misma precisión con la que hace música: nada sobra. "No tenemos mucho tiempo", precisa como si se tratara del conejito blanco de "Alicia en el país de las maravillas". Su urgencia está dirigida contra el Gobierno actual, al que quiere dirigir una salva que se sume a los que están contra la guerra en Irak, a los que protestan por lo que se está haciendo "en su nombre" y los que quieren acabar "con los payasos de Washington". EPITAFIO A LA INDUSTRIATambién existe en sus palabras otro tipo de urgencia, la de un medio que desaparece como es la música. "Las compañías discográficas luchan por sobrevivir", subraya de una crisis que le preocupa no tanto por él sino por su hijo, el baterista Joachim Cooder, y por el vacío que dejará un mundo sin discos, sólo con ese sonido "degradante, empequeñecedor y que convierte todo en basura" que es en su opinión la internet. Si Ry Cooder sucumbe será con las botas puestas. El productor de "Buena Vista Social Club" está a punto de grabar un nuevo álbum que junto con "My Name is Buddy" y su obra anterior, "Chavez Ravine", completará la trilogía de un mundo que desaparece. "'Chavez' habló de la desaparición de las raíces y 'Buddy' de la desaparición de la solidaridad", enumera. "El tercer álbum dejará que se escuche la voz de un "red neck" de mentalidad simple pero capaz de hacer oír su amargura con el mejor "honky tonk" de la ciudad", detalla del género de música que más quiere desde que lo descubrió cuando tenía ocho años en ese Los Ángeles de su infancia que ya desapareció.
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