Uno de los íconos más bizarros de la música y la cultura gay es, sin duda, Klaus Nomi, cantante alemán que en los años 80 fusionara el estilo interpretativo de la ópera con el glam de la música new wave y la actitud desafiante del punk, forjando así una mezcla que demostró que los rockeros y los hipsters de entonces, también podían ser escandalizados por un artista que lucía como un extraterrestre pero cantaba como toda una diva. El director Andrew Horn ha decidido retomar la leyenda de Klaus (que se viera truncada al convertirse en una víctima más del SIDA), y mostrarnos una carrera que aunque fugaz no fue menos intensa y que se vio plagada de aquellas otras cosas que trae la fortuna, desde la fama y la atención, hasta la soledad, la traición y, finalmente la muerte, poco antes de que el fenómeno MTV pudiera darle el espacio que estaba concebido para artistas como él -Nomi se definía a si mismo como “la perfecta estrella de video”-.
Dos LPs y un álbum en vivo no parecerían ser suficientes para hacerlo convertirse en un ícono tan importante. Sin embargo, el documental muestra cómo a pesar de las limitaciones enfrentadas por el artista, aquellos que lo vieron arriba del escenario o que convivieron con Klaus continúan sintiendo los efectos de su influencia. A lo largo de la cinta desfila ante nuestros ojos la gente que lo amó, lo idolizó, los que sintieron lástima por él, o los que se sintieron usados, engañados pero a la vez inspirados por el artista. La cinta fue ganadora de un “Teddy” en el festival de cine de Berlín y contiene canciones de Wire, The Marbles, The Bongos, Pylon, The Mumps, Chi Pig, David Bowie, además de la música de Klaus Nomi. |