Un Heterodoxo Genial Este costurero teñido de rubio platino, de 52 años, sigue siendo el niño rebelde de la pasarela. Su destreza con las tijeras ha sido rescatada por la clásica casa “Hermes” para renovar y modernizar la firma. Tras triunfar en París, exponer vestidos de pan en la Fundación Cartier y viajar a Cannes con Pedro Almodóvar, ahora recibe el premio “T” de Telva, en Madrid. Diseña ropa lúdica, alegre y cariñosa desde niño. Con sólo diecisiete años envió su colección a los costureros más importantes: Yves Saint Lauren, Christian Dior, Cardin, Courreges... y el día que cumplía 18 años, el teléfono sonó. A partir de entonces abrió su espíritu y se rebeló. Hoy, después de treinta años en las pasarelas francesas, es fiel a sí mismo, el lujo más grande que se puede desear.
El sello GaultierAlgunos de sus diseños han recibido feroces críticas por parte de los defensores de la costura convencional, pero de su cosecha particular han surgido las tendencias más emblemáticas de los últimos años: transparencias, tejidos elásticos, calzado militar en la ciudad, sastres con capucha, top-corsé, cazadoras vaqueras y las púdicas combinaciones convertidas en vestidos chic, toda una revolución. Sus creaciones envían señales que atraen o repelen, pero jamás pasan inadvertidas. Se nutre de la calle, de la cultura punk, de las influencias étnicas y de la cultura española. Como en un juego de niños, se divierte creando las mezclas más dispares con resultados acertados. Los trajes trampantojo llevan estampado lo que supuestamente va debajo, los pantalones masculinos, las camisetas ceñidas con grafittis de colores ácidos, las cazadoras bomber y la falda para hombres en forma de kilt escocés, tienen su firma y han sido imitadas hasta la saciedad. Gaultier convirtió su estilo en un ícono de la década de los años 80 e implantó la filosofía de la trasgresión como forma de vestirse. La travesía del desierto que supuso la llegada de la sutileza y el minimalismo de los años noventa no pudo con su vitalidad y su excentricidad. La moda no tiene sexo “Con excepción del corsé, la ropa no tiene sexo. La toga romana, el sari y el kimono dan cuenta de que la ropa es unisex. Las estrellas de rock de la década de los 70 se atrevieron a usar camisas con faralados, dando paso al hermafroditismo. Yo trato de volver a los hombres más sensibles, más sensuales, más seductores, y a las mujeres más expresivas en su vestir, más atrevidas y decididas.
Las mujeres tienen una fuerza masculina y los hombres una feminidad prohibida. La mujer ha optado por la revolución y en los años 60 se hizo con el pantalón, símbolo de masculinidad y de poder. Yo acentué esta tendencia en un arquetipo como Madonna” Así define Gaultier su obra y las tendencias en la mujer y en el hombre. La historia del genioConsiderado un trasgresor en el mundo de la moda, Jean-Paul Gaultier nació en 1952, en la periferia de París, en el seno de una familia humilde. Su padre era tenedor de libros y su madre cajera de un restaurante. Se crió con su abuela, una enfermera, esteticista, un poco curandera y consejera sentimental de todo su barrio, de paciencia inagotable, a quien Jean-Paul utilizaba como maniquí y teñía el pelo con reflejos azules y rosados. Ella siempre le auguró un futuro magnífico y le proporcionó una niñez llena de amor. Ejerció de estilista después de estudiar enseñanza superior en el Liceo y comenzó a trabajar en el mundo de la moda como asistente del modisto Pierre Cardin, en 1970, y más tarde colaboró con Patou. Durante tres años fue asistente de Jacques Esterel y durante los años 1974 y 1975, creador de las colecciones para Pierre Cardin, en Manila (Filipinas). En 1976 se independizó. Creó unas impresionantes joyas electrónicas y lanzó su primera colección de mujer en el Palacio de la Découverte. Sorprendió y rompió los cánones de la moda cuando subió a las pasarelas modelos inspirados en los años 60 que, como accesorio principal, lucían bolsas de basura. Galoroso reciclajeDeja de lado la simplicidad y mezcla ingredientes aparentemente incompatibles como las lentejuelas con las rayas marineras o el encaje con tejidos masculinos. Pionero en la cultura del reciclaje, mezcló latas con texturas de lujo e incorporó el estilo barato o kitsch al mundo de la moda. Redefinió la tradicionalmente elegante moda parisina añadiendo glamour a la moda de la calle e innovando en la pasarela. Rompió con todo lo que odiaba: espaldas anchas, formas geométricas y patrones convencionales. Combinó libertad con diversidad y funcionó: ropa con identidad propia. El “chico rebelde” osó y se atrevió a introducir me- dias, minifaldas y pamelas en los desfiles masculinos, todo un acontecimiento en las pasarelas. Sus desfiles, cuidados al detalle, tienen un hilo conductor y se convierten en verdaderos espectáculos. Madonna al detalle En 1990, creó 150 trajes que utilizó la cantante norteamericana Madonna durante su gira europea, trajes de alta costura confeccionados durante tres meses para ella, sus bailarines y coristas.
También ha vestido a Umma Thurman, Catherine Denueve, Mouna Youb, Victoria Abril y Penélope Cruz, entre otras. Además, ha trabajado para cineastas como Luc Besson en su película “El quinto elemento” (1997) y con Pedro Almodóvar en el filme “Kika” (1994). Se confiesa admirador de algunos creadores españoles: “Balenciaga fue un maestro del corte, el volumen y la creatividad. Sybila tiene una sensibilidad tremenda, me gusta”. El diseñador francés asocia España con el lujo y la elegancia. “La fastuosidad de su historia, su folclore, la indumentaria flamenca, los trajes de torero y la fiesta de los toros siempre me han llamado la atención y me ha ayudado en mi carrera profesional. Hay algo de sangre española en mis creaciones”. El gran mérito de Gaultier es haber conseguido que le tomen en serio por la ropa que hace, sin someterse a los dictados de un sistema de tradición, y con normas muy estrictas y desfasadas, ni renunciar a la innovación. |